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De pronto solo fuimos ojos

Para empezar por el principio, es un día como cualquier otro y afuera hace peligro. “¡Prohibido salir!” nos dijeron los que sabían de estas cosas. “¡Escóndanse en un rincón del mundo!” “¡Dejen de quererse” “¡Y, si quieren sobrevivir, tienen prohibido abrazarse!”

Luego se hizo el silencio.

Pero también están dos mujeres artistas. Y, partícularmente, podría decirte muchas cosas sobre ellas dos; podría decirte que, antes de que nos prohibieran salir, tenían sueños, y como los querían, pero sobre todo, cómo empezaron a quererse.

¿Y qué más podría decirte?

Podría decirte que esta es la historia de sus sueños, pero eso volvería a este libro más bien un hallazgo, el estar juntas, por supuesto, porque, en estos días, los grandes hallazgos sólo cuentan cuando son un pretexto para la bondad.

¿Has pensado en cómo enfrentas cosas terribles? Pues este libro no va a confesarte nada, pero te revelará lo que hicieron otras personas. Es verdad que contar con una experiencia hace posible otras maneras de vivirla. Y es que, si es verdad que escribimos solos, este libro dice lo contrario, porque son pocos los que logran que, a través de esa fisura que existe entre la escritura de la palabra y aquello que representan las artes gráficas, nos develan que no hay nada más colectivo que la vulnerabilidad compartida.

Es tiempo de repensar nuestras formas de hacer presencia. Tiempos difíciles requieren medidas furiosas, este libro es un gran paso para iniciar.
-Diego de Alba

Agotado

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